Un lugar para cada uno y cada uno en su lugar (2da parte)

Un lugar para cada uno y cada uno en su lugar (2da parte)

Hace unas semanas hablamos acerca de la importancia de tener una familia en orden. Y para comenzar este tema abordamos la sujeción y la sumisión de la esposa. Ver 1ra parte del artículo

Si el artículo anterior removió tus fibras más profundas, por favor no te molestes, no creas que nos tocó a las mujeres la parte más difícil; a los esposos Dios les asignó una gran responsabilidad sobre sus hombros, porque al comparar su rol con el de Cristo para la iglesia, les puso una tarea de gran envergadura y llena de garantías para el bienestar de la esposa y los hijos. Cristo ama profunda y honestamente a su iglesia y a pesar de sus defectos, la cuida, la respeta, no le es infiel, le brinda todo lo que necesita y entrega hasta su propia vida por ella. ¿Necesitamos algo más?

La instrucción para ellos es: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. (Efesios 5: 25-31)

Y para que no olvidemos la instrucción, termina haciendo un resumen en  dos palabras: amor y respeto: “Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:32-33).

Una vez garantizadas las instrucciones y el orden de la relación de pareja, establece también unas pautas para los hijos y los padres: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. (Efesios 6:1-4). A los hijos los insta a llenar de honra a los padres, hacerlos sentir orgullosos de su vida y sus frutos, porque esto es justo y lo justo es lo que agrada a Dios. Pero a los padres les señala que deben instruir y disciplinar a los hijos, teniendo el cuidado de no desanimarlos.

John Piper expresa que estas relaciones son gozosas, llenas de garantías para todas las partes, que permiten el deleite de ser pareja, de ser padres, de ser hijos, de ser familia en Dios.

Como mujeres podemos orar cada día que el Señor nos permita aprender, enseñar y vivir estos roles en nuestra familia y así disfrutar el tener un lugar para cada uno y cada uno en su lugar.

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