Oración de una mujer a sus pies

Oración de una mujer a sus pies

Grandes multitudes seguían a Jesús, y él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo.  Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:25

Padre, tú conoces la condición de mi corazón. Examíname por favor y muéstrame qué es lo que está impidiendo que yo te siga en este camino del discipulado:

Señor, ¿es mi esposo? Tú conoces nuestra relación; sabes cuánto procuro que las cosas marchen bien en nuestro hogar, pero no quiero que él se convierta en un ídolo o un obstáculo que me impida seguirte. Por favor, dame la sabiduría para poner límites y que, con mucho amor, pueda hablarle y comunicarle que tú eres más importante que él.

Señor, ¿serán mis hijos? Enséñame a amarlos como tú quieres que los ame, pero que ellos no me roben la paz que tú ya me diste. Como madre, ya cumplí con la responsabilidad de la crianza. Ayúdame a compartirles tu palabra, que en mí vean un buen ejemplo de obediencia a tus mandatos, y que en todo momento interceda por ellos, confiada en que escucharás mis oraciones en favor de tu salvación y cuidado para ellos.

Señor, ¿soy yo? A veces pienso tanto en mí, en mi comodidad, en quedar bien con las personas, que olvido lo más importante: vivir para ti. Que mi mayor preocupación sea obedecerte y cada día adorarte, alabarte, servirte y darte la gloria a ti.

Señor, ¿es mi estabilidad financiera? Ayúdame a tener presente que todo lo que tengo te pertenece, pues eres mi proveedor y yo una simple administradora de lo que me has dado. Dame un corazón generoso y sabiduría para administrar bien los recursos.  Que pueda compartir con personas que están en necesidad y no malgastar en lo innecesario.

Señor, ¿será la buena salud? Tú dices que si te obedezco podré gozar de tus bendiciones y tú me cuidarás todos los días de mi vida. No me dejes creer que este cuerpo es mío, porque también te pertenece. Ayúdame a cuidar lo que como, lo que veo, lo que pienso, lo que escucho y lo que hablo.

Que mi caminar por este mundo no esté marcado por las cargas que yo misma me he impuesto. Que mi única carga sea tu cruz y mis pasos sean guiados por las pisadas que me dejaste registradas en tu palabra.

 

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