El Espíritu Santo y su presencia (2da. Parte)

El Espíritu Santo y su presencia  (2da. Parte)

“Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos”. (Hechos 2:2-3)

El Espíritu Santo estuvo sobre todos los discípulos de Jesús, pero también, sobre cada uno de ellos. Fue un regalo colectivo y un regalo personal. Después de Pentecostés los discípulos nunca fueron los mismos. Tenían el don de Dios sobre ellos, pero algo más grande: tenían a Dios mismo en ellos. El Dios creador de cielos y tierra había decidido vivir en ellos. El gran Dios del universo había deseado morar en sus vidas para mostrar su gloria. 

REFLEXIÓN

Cómo cambiaría nuestra vida, si fuéramos mujeres más conscientes de esta sublime verdad:  ¡Dios decidió morar en cada una de nosotras! Salomón expresó en la dedicación del templo: ¿Es verdad que Dios habitará con el hombre? He aquí los cielos, y los cielos de los cielos no te pueden contener, ¿cuánto menos esta casa que he edificado? Dios había decidido habitar en la casa que se había edificado para Él, pero en su deseo de estar más cerca del hombre, Dios decidió  habitar en el corazón del ser humano y hacer de él  su casa, su habitación, su morada. Y solo por la obra de Jesús, podemos decir: su Espíritu está en mi y por mi. Nunca nos dejará y nunca nos abandonará y su poder está dispuesto para nosotras todos los días, todos los minutos y todos los segundos de nuestra existencia. Jesús, gracias… gracias… gracias.. porque esta hermosa  realidad, es solo por tu obra en la cruz, por tu perdón de pecados, por la limpieza de nuestra maldad y por tu justificación eterna que haces posible que un Dios santo, santo, santo viva en nosotras. 

¿Acaso hay otro regalo mayor? La obra del Espíritu Santo nos llevó a Jesús, y Jesús nos llevó al Padre y al tener al Padre tenemos su Espíritu en nosotras, por nosotras y con nosotras.  Y la buena noticia es que podemos ser mujeres llenas del  espíritu de Dios y disfrutar de la plenitud de su presencia, poder y amor. 

ORACIÓN

Padre, perdónanos porque muchas veces perdemos perspectiva de la grandeza de la presencia de tu Espíritu en nuestras vidas.
Padre, perdónanos porque muchas veces perdemos el gozo, olvidándonos que tenemos el más grande tesoro en nosotras: tú mismo. 
Padre, perdónanos porque muchas veces no cuidamos nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro ser honrándote desde nuestra vida, la cual escogiste para morar.
Padre, perdónanos porque muchas veces olvidamos tu gracia  al ser escogidas para el maravilloso regalo de la redención por Jesús y el gran privilegio de tenerte en nosotras.

Padre, ayúdanos a ser mujeres agradecidas  por tenerte en nuestro corazón y a celebrar tu presencia y la obra de tu Espíritu en nuestras vidas y en nuestro hogar. 

Padre, tú nos diste el regalo de la presencia de tu Espíritu cuando creímos en Jesús y hoy clamamos por su llenura para nuestras vidas para poder ser más Él. 

LLAMADO
Celebra hoy que Dios mismo mora en tí y clama para ser una mujer llena de su espíritu para que puedas mostrar más a Cristo!!!

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