El Espíritu Santo y su poder

El Espíritu Santo y su poder

“Cuando subieron del agua, el Espíritu del señor arrebató a Felipe, y el eunuco no le vio más y siguió gozoso su camino”. (Hechos 8:39)
El poder del Espíritu Santo es tan grande que puede arrebatar a alguien, como lo hizo con Felipe. Lo llevó a otro lugar para predicar el evangelio. El poder del Espíritu llevó a Felipe al lugar en donde Él quería que estuviera. Dios comienza a hacer sus milagros de poder, primeramente, en nuestros corazones, para prepararnos para el cumplimiento de sus propósitos y sus planes, y lo hace a través del poder de su Espíritu.

Debemos estar dispuestas y disponibles para la obra del Señor. Pero debemos entender que necesitamos su obra primeramente en nosotras para ser testimonio vivo delante de otros. Si el poder del Espíritu puede arrebatar a una persona de un lugar,  ese mismo poder podrá arrebatar y quitar todo lo que le desagrada de nuestras mentes, de nuestros sentimientos, de nuestras reacciones, de nuestro obrar. El poder del Espíritu nos transforma internamente, para luego, testificar del Señor en el lugar que nos llame a servirle. Solo así, seremos de mayor bendición a otros.

ORACIÓN
Señor hoy nos rendimos a Ti, rogando que en tu poder transformes nuestros corazones. Quita y desarraiga todo lo que tengas que quitar y pon todo lo que tengas que poner. Nos rendimos hoy a tu obra en nosotras. Nos rendimos para que transformes nuestro corazón y lo conformes a tu voluntad. Que estemos prestas a dar testimonio de tu amor en el lugar que cada día nos pongas a servirte, en nuestro hogar, trabajo, iglesia. Que en todo lugar podamos  testificar de las maravillas de las obras de amor y de poder de tu Espíritu.

COMPROMISO
¿Qué quiere hacer el Espíritu Santo en tu vida y en tu carácter hoy? ¿Quieres rendirte hoy al Espíritu Santo para que te transforme con su poder? ¿Estás dispuesta a dar testimonio de Jesús donde el Espíritu te ponga cada día?

No resistamos hoy la obra del Espíritu en nuestra vida, confiemos en su poder transformador. Que en nuestro hogar, trabajo o ministerio seamos un reflejo de su gloria.

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