El Espíritu Santo nos guía a hablar las maravillas de Dios

El Espíritu Santo nos guía a hablar las maravillas de Dios

“A cretenses y árabes… les oímos hablar las maravillas de Dios”. (Hechos 2:11)

En la torre de Babel la humanidad fue dispersada con muchas lenguas para que no se entendieran entre ellos y para destruir, así, el reino humano que se estaba construyendo entre los hombres; pero en Pentecostés, el Espíritu les da a los discípulos la capacidad de hablar en muchas lenguas las maravillas de Dios con el propósito que todos pudieran unirse para conocerle. En Pentecostés, los hombres tuvieron la oportunidad de escuchar el mensaje de redención para deponer sus propios reinos y entronar a Jesús como el único, verdadero y soberano rey y como el único que debe ser adorado por su obras maravillosas.

Los discípulos pudieron comunicar las maravillas de Dios, las maravillas de su amor y de su plan eterno para el hombre. Ellos lo pudieron hacer con denuedo, con libertad, con convicción y con poder porque estaban llenos del Espíritu Santo, estaban llenos de Dios mismo.

Cada vez que compartimos a otros las maravillas de Dios, estamos compartiendo el mensaje del Espíritu a través de nuestras vidas. Cada vez que glorificamos a Dios con lo que hablamos de Él, son la palabras del Espíritu las que hablamos. Pero cada vez que al hablar no exaltamos a Dios, sino que lo deshonramos con quejas, mentiras, amarguras o juicios lo estamos deshonrando  y terminamos contristando al Espíritu. Cuando esto ocurre, necesitamos pedir perdón al Señor y pedir también que nos llene de su Espíritu para que podamos ser mujeres que hablen, impacten y dejen un legado trascendente y verdadero a otros ¡al hablar con poder, con convicción y con gozo de las maravillas de Dios!
Es una gracia del Cielo que ahora, nuestros labios y nuestras vidas sean instrumentos del Señor para acercar a otros a Él, al hablar todas sus maravillas por su Espíritu.

LLAMADO
¡Decide ser una mujer que hable en todo tiempo las maravillas de Dios!
Que hoy sea un día para hablar las maravillas de Dios a tu esposo, a tus hijos, a tus familiares, a tus amigas, y aún, a los que no conocen de Él. Confía, el Espíritu de Dios te dará el poder, la gracia, el denuedo y todo su respaldo para que puedas bendecir la vida de otros.

¡Que hoy tu hablar acerque a otros al Señor!

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