Cuando todos se van

Cuando todos se van

¿Qué haces cuando todos se van? Por ejemplo, luego de que toda tu familia sale en la mañana, o cuando los hijos se van de casa y te enfrentas con el nido vacío. O cuando las personas que más amas se alejan de tu vida; cuando pasas por una separación o un divorcio; cuando has sufrido la pérdida de un ser querido; cuando sientes de alguna manera y por diferentes razones que te has quedado sola en la vida.

El texto de Marcos 6:45-46, nos enseña lo que hizo Jesús al quedar solo, cuando todos se fueron y él les dio la despedida. Ese, como muchos otros días en la vida de Jesús, fue muy agitado; seguramente estaba exhausto después de haber enseñado la mayor parte del día y alimentado a miles de personas. Al finalizar esa jornada, Jesús hace que los discípulos suban a la barca y vayan a Betsaida. Luego de esto, despide a la multitud. La versión de la Nueva Biblia al Día registra lo que sigue de la siguiente manera: “Después que todos se fueron, Jesús subió al monte a orar.” En este pasaje encuentro por lo menos cuatro lecciones importantes para aplicar en nuestra vida cuando enfrentamos la dura realidad de que todos se van:

  1. Tiempo: Cuando todos se van, cuando me quedo sola, ya sea en forma temporal o permanente, es un buen tiempo para orar.
  2. Lugar: Jesús buscó un lugar solitario, íntimo, lo cual me recuerda sus palabras: “Mas tú, cuando ores entra en tu cuarto y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto.” Mateo 6:6. Nosotras también necesitamos tener un lugar secreto para encontrarnos con el Padre.
  3. Prioridad: En medio de tanto cansancio, y luego de haber trabajado durante todo el día, Jesús pudo pensar en ir a la cama a dormir, o quedarse descansando, o comer una buena cena; pero en lugar de éstas y muchas otras opciones, escoge orar. Prefiere pasar tiempo con su padre, escuchando su voz.
  4. Precio: Jesús pudo hacer su oración en el lugar donde había despedido a la multitud, pero en lugar de eso, decidió subir al monte, lo que le implicaba mayor sacrificio por el cansancio del día. Este representa el precio que debemos pagar al querer cultivar nuestra vida de oración. Tal vez el precio que nosotras podemos pagar será un poco menos de tiempo en WhatsApp, en la televisión, yendo de compras, entre otras cosas.

Cuando todos se van y llega la soledad, no es tiempo de llorar, lamentarse o amargarse. Es un tiempo maravilloso para subir al monte, intimar con el amado, y sentarse a sus pies para escuchar su voz.

Algunas preguntas a modo de reflexión:

Normalmente ¿qué haces cuando todos se van o cuando te quedas sola?
¿Tienes, o buscas con frecuencia, un lugar secreto para estar con el Padre?
¿Anhelas los tiempos con el Señor más que con cualquier otra cosa o persona?
¿Cuál es el precio que estás dispuesta a pagar para disfrutar de una buena relación con tu Padre celestial?

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